Aquí estoy
Vine
sin relato.
Dejé mi nombre
donde el oído duda
y esperé.
Traía lo que no aprendí a soltar:
un cansancio antiguo,
la costumbre de perder,
una fe mínima
que aún no se atreve
a morir.
No soy promesa.
La duda me sostiene
como un cuerpo en el agua:
si me muevo, me hundo;
si confío, floto
un instante.
He sido humana
en el sentido más pobre del término:
errar,
volver,
callar a tiempo.
No me pidas duración.
Todo se vuelve ajeno
cuando insiste.
Puedo quedarme
mientras el ahora
no se quiebre.
No traigo banderas.
Lo sublime me incomoda
si no sangra.
Prefiero a quien se sienta,
a quien pone lo que es
sobre la mesa
y no lo defiende.
La luna
no necesita testigos.
Miremos
sin nombrarla.
Si el silencio permanece,
habrá sido suficiente.
Mercedes Raquel Enrique
No hay comentarios:
Publicar un comentario