domingo, 19 de abril de 2026

La máscara


Sabías del lugar donde sangraba en silencio

y, sin embargo, entraste.

No como quien abriga,

sino como quien abre la tierra

para probar hasta dónde duele.

Hundiste la noche en mi carne,

sembraste espinas en lo abierto,

y te quedaste a mirar

cómo florecía el dolor.

Dime,

¿qué invierno traías en las manos

para convertir mi herida en territorio?

No se hiere así por azar.

No se rompe así sin memoria.

Yo grité en un idioma sin sonido,

un temblor apenas,

una grieta en el aire

que nadie más pudo oír.

Y de esa grieta

salió mi voz —mansa—,

pero con la fuerza

de lo que ya no se niega:

tu sombra no te absuelve,

tu tormenta no te vuelve inocente.

Sólo revela

la forma exacta de tu abismo.

Y eso…

eso es lo que duele:

no la herida,

sino haber creído

que en vos

había luz.

Mercedes Raquel Enrique 15/05/2012 Bs As. Argentina 


Herida silenciosa


La soledad lleva tu nombre

Envuelve a esta casa,

no viene desde afuera:

la arrastra quien  debiera acompañarme

como un abrigo que ya no abriga 

que me pesa en los hombros

aunque no quiera.

No hace falta el silencio:

su voz,

sus pasos,

sus gestos

sus olvidos,

sus críticas destructivas

son un recordatorio constante

de cuánto me falta.

Es una presencia que sólo declara 

más que una simple  ausencia.

Una soledad doméstica

diaria,

que se sienta en la mesa

Justo en medio de ambos

y nos mira fijo.

Y yo,

intentando no quebrarme,

me descubro añorando

el abrazo que alguna vez existió,

la mirada que extraña, 

la piel que desea 

mientras él

desarma mi nombre

con indiferencia.

Así se vive:

con alguien ,

pero solo.

Junto a ese ser,

pero lejos.

Respirando la sombra apenas

de un amor que ya no vuelve.

Autor: Mercedes Raquel Enrique 19/03/26- Rosario- Santa Fe - Argentina